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IMG_0637No es lo mismo llamar el diablo que verlo llegar.

El ser humano muchas veces no esta consciente de lo que se desea y X, fue alguien que deseo algo que poco a poco lo consumía.

Este hombre, había sido engañado por su esposa, quien le fue infiel con su mejor amigo.  Cuando el pobre se enteró se sintió devastado. Se pregunto una y otra vez, que como fue posible que nunca se diera cuenta de lo que pasaba.  Estas dos personas que fueron tan importantes en su vida, tuvieron la audacia de verle la cara de tonto. Fue entonces en ese momento, que lleno de rabia, pidió al cielo sabiduría, para que nadie mas lo volviese a engañar.

En ese mismo instante, del horizonte se manifestó un destello de luz. Iluminando con brillo segador. Se movía y se acercaba a el cada vez mas. Este objeto lo impacto, de una forma tan brusca que lo tiro al piso. Luego de poder pararse, X se dio cuenta que tenia la punta de una daga extraña, muy vieja y oxidada traspasando la piel de su pectoral izquierdo. Trato de retirarla pero no pudo. Pasó un periodo largo de tiempo intentando, pera todo fue en vano. Al ver esto, X se rinde y no le hace mas frente a la situación.

Luego de tanto tiempo mirarla, se percata de una inscripción que poseía la daga, que aunque borrosa, se leía Σoφíα (Sofía). Fue entonces a partir de ese día que su vida se empezó a tornar desgraciada.

Sus padres e hijos murieron en un accidente de tránsito. Perdió su casa por no poder pagar la hipoteca luego de que lo hecharan del trabajo por haber peleado con un compañero. Pronto se vio sin nada dinero. Parecía que cada vez que un infortunio le ocurría a este pobre diablo, la daga se incrustaba cada vez mas en dirección hacia el Corazón, esto le causaba mucho dolor. La vida de X se había vuelto una miseria, era difícil de tolerar. Esto le causaba un dolor indescriptible, uno que lo llevaba a desear estar muerto.

Una noche, en la cual vagaba por las calles de la capital, un conductor borracho lo atropelló. El pobre hombre quedó con la espina dorsal fracturada. A su vez la daga se enterraba más. X se preguntaba lamentándose, que mas podría pasar a su miserable vida y que rayos era esta daga maldita que tenia en su pecho que no podía sacar.

Cierto tiempo después notó que se quedaba ciego. Cada día que trataba de leer los letreros de las avenidas, solo podía ver sombras. Todo se estaba tornando borroso a su alrededor. Su vagar se volvía mas amargo. La daga se incrustaba con su filo oxidado nuevamente un poco más. Ya podía sentir la punta de esa daga maldita rosar la superficie de su corazón, que le incomodaba fieramente con cada latir. A partir de ese día su miseria se hacia cada ves mas perra. estuvo padeciendo por muchas  semanas, tirado de bajo de un puente.

Una noche, sus sufrimientos ya no persistieron. Estaba al aire libre, como cualquier otro vagabundo. Bajo un cielo estrellado, temblando ligeramente ante el aire frío. Reflexionaba en todos los acontecimientos a los cuales se pudo sobreponer. Se daba cuenta de todo el conocimiento y aprendizaje que obtuvo a raíz de todas sus desgracias. Había visto y sentido cosas, que nunca antes había experimentado. Pero también se dio cuenta que en el proceso se había quedado solo. Era como si hubiese tenido un velo a lo largo de su vida. Estaba ciego, pero veía ya mejor que nunca.

En ese instante  la daga le atravesó el corazón.

Mientras moría, este gran sabio llamado X, comprendió que el saber duele. Que era un proceso de formación regido por el padecer. Y con su ultimo aliento de vida en este mundo, deseo no haber sabido nada, deseo haber sido feliz.

—Tomás G. Michel

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