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IMG_0640Muchos siglos atrás, una familia de guerreros indígenas dominaban las aguas y las tierras del mar caribe. Los tres dirigentes de este imperio lo eran tres hermanos, cuales cacicazgos principales se encontraban en las Antillas mayores. Anacaona era la cacica de Caobana, Hatuey, el cacique de Quisqueya o Ayti y Guarionex el cacique de Borikén.

Tenían ejércitos feroces, despiadados y entrenados en el arte de la guerra. Con hombres tan altos como murallas, los cuales solo se alimentaban de víveres y legumbres, especialmente el plátano.

A sabiendas del poder que poseía el ejercito que se estacionaba en las islas, Anacaona, se reunió con sus hermanos y les convenció, de que debían expandir su dominio, que debían convertirse en una región más poderosa. Debían ampliar los limites del territorio, ya que contaban con la infantería lo bastante buena para llevar a cabo esta causa. Decía a sus hermanos menores, que habían de hacerlo en nombre de su padre, pues esto le enaltecería en el mundo de los espíritus y traería honor al linaje familiar y a su pueblo. Hatuey y Guarionex al escuchar sus palabras emocionaron y decidieron dar inicio a la campaña de la conquista.

Anacaona y Hatuey mandaron cada uno dos batallones de guerreros hacia Borikén, desde allí empezaran la conquista de las Antillas menores. Partieron seis batallones de tainos, hacia la destrucción de los pueblos que habitaban el arco insular de las islas.
Pueblo por pueblo todo fue caos y destrucción. El ejercito de los tres hermanos, el cual dirigido por Guarionex en esta expedición, se caracterizó por ser uno de los más sanguinarios que la historia pudiese contar.

Las instrucciones de Anacaona lo fueron exterminar a todo ser viviente que no proviniera de su linaje, quienes eran considerados inferiores. Pretendían repoblar las tierras conquistados, con sangre de su sangre.

De sorpresa llegaron y asesinaron sin piedad. Hombres, mujeres y niños fueron puestos contra el filo de hachas y lanzas. Esta milicia sedienta de poder, acabó con todos los habitantes del archipiélago. Luego de terminada la caravana, un tercio de la población de cada isla, Caobana, Quisqueya y Borikén se mudó a las Antillas menores, para así ejercer soberanía.

Luego de haber cometido el encargo que a sus hermanos instó, Anacaona vio que era posible expandir más aún sus tierras hacia el sur y así lo hicieron. Movilizaron sus tropas. Conquistaron la parte norte del continente  debajo del mar. Destruyeron y masacraron todo a su paso. Tomaron posesión de toda la tierra. Esta vez la campaña fue dirigida por Hatuey. Al igual que el botiquín pasado, fue repoblado por gente descendiente del linaje.

Anacaona no estando aún satisfecha, decidió ella dirigir la próxima expedición de conquista. Tenía planeado ahora extenderse hacia el oeste. Movilizó batallones; ella a cargo. Se dirigían hacia las tierras centrales, donde se unía el mundo del norte con el del sur.

Desde el continente del sur por tierra y desde el caribe en grandes canoas, la legión que dirigía Anacaona llegó al lugar deseado. Se emprendió en batalla con el pueblo que adoraba el sol. Luego de haberse derramado un mar de sangre en estas guerras injustas, el pueblo invadido fue exterminado. Los jefes espirituales se habían escondido y llenos de pesar y lamento al haber visto la destrucción de su pueblo, decidieron hacerle una maldición al linaje de los tres hermanos. En un templo sagrado de color oro en forma circular. Cuando el sol estaba en el centro del cielo recitaron “pasarán muchos siglos, y tu pueblo perderá su vigor. Sus extremidades han de encogerse, y no podrán defenderse con el mismo brío e ímpetu. Cuando ya endebles a su totalidad, vendrán los salvajes centauros caras de nieve y los matarán con magia de fuego, hasta exterminarlos de la faz de la tierra. Su pueblo ha de sangrar y desaparecer, como así desapareció el nuestro.” Luego de este ritual, fueron encontrados y degollados por los oficiales de Anacaona.

—Tomás G. Michel

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