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En el cuartel general de la ciudad capital, dos detectives llevaban a cabo una serie de interrogaciones. Estas pertinentes a la resolución del último caso de asesinato pasional, que se les había presentado. Era un viernes tarde en la noche, y varias bachatas podían escucharse simultáneamente en los negocios circundantes; peleaban la una con la otra por la unanimidad de la ciudad.

—Dígame doña,  ¿Qué fue lo que usté llegó a e’cuchar?

—Pue’ mire señor policía. Yo taba media dormía y borracha esa noche. Yané y yo habiamo’ acaba’o de llegá del colmadón de la e’quina, que no ‘tabano dando pa’l de fría. De’de que llegamo’ a la casa, yo tenía un jumo tan grande, que yo le dije que me iba a tirá pa’ la cama. Entre de’pierta, dormía, mariá y ajumá, yo alcansé a e’cucha que entró alguien a la casa. Me di cuenta que era hombre, por que al ratico de habé llega’o, comenzó a di’cutí con mi hija.

—¿Y uté llego a oí por qué taban di’cutiendo?

—Sí. Yo taba tirá en la cama, y comencé a oí que el tipo le taba reclamando.  Le preguntó que si era veldá lo que lo tigre del barrio le taban diciendo. Que si era veldá, que a ella la habían vito entrá cinco vece e’ta semana, a diferente cabaña de San Isidro. Que pal colmo no era ni con un mi’mo tipo, que eran con hombre’ diferente. Al yo oir eso, rápido supe que era Joselo, el marío. Por que dígame uté ¿Quien má le va a reclamá eso, si no eh su marío?

Ella le dijo que sí.  Que era veldá.  Le dijo: “Como tu te cree que e’ta familia se iba a podé mantené. ¿Cómo tu cree, que iba pode echar pa’ lante? La vaina tan dura hoy en día y hay que bu’ca’se lo chelito como sea. Yo no podía dejar que mi familia se la llevara el diablo.”

Al ratico yo la e’cuché que dio un grito. Entonce fue que me levanté como pude, agarrándome de la parede’, y salí  a la sala, a ve que diablo fue que pasó. Cuando salgo, vi a mi hija tirá en el piso con un machete enterra’o en un la’o de la cintura y un brazo meno’. Yo comenzé a bociá como una loca. Iba a llamá a la ambulancia, pero ella me dijo que no, con una voh de agonía, que solo Dio’ sabe. Que ella quería que me quedara con ella. Entonce me tiré al piso y me la puse en la pielnas. Ella sabía que de esa no se iba a salvá. Uté la veía que taba tranquilita ahí. Y al ratico se me murió en lo brazo. Una muchacha que lo que tenían eran veintiocho año. Depue’ al ratico me paré, llamé a la policía y ahí fue que vinieron u’tede’, al rato.

—Ta bien doña Juanita, eso e’ todo. Ya se puede i’ pa’ su casa, y no se preocupe, que vamo’ a agarrá al degracia’o que le hizo ese abuso a su hija.

II

El detective Marmolejos sale del cuarto de interrogatorios del cuartel, luego entra a la oficina de su jefe  y entabla una conversación con él.

—Jefe, terminé de hablá con la mamá de Yané Heredía.

—Ta bién. ¡Mira!… ¿Qué vamo’ a hacé con el tipito e’te, el marío de la víctima? Ese tipo no quiere confesá que la mató. Ya tiene un me’ preso aquí en el detacamento como so’pechoso principal, y no ha afloja’o na’. Si sigue en esa, vamo’ a tené que saca’le la información al e’tilo Candelier, a fuetazo limpio.

—Mire jefe, eh velda que Joselo era el marío de ella, y que a ningún hombre le va gutá que su mujer te cueriando, ni aunque sea pol necesidá, pero ese hombre se le ve que e un pobre infelí. Ese tipo se le ve que no mata ni a una moca. Eso se la ha pasa’o el me’ llorando, no pol que ta’ preso, si no pol que quería su mujel y ta muelta. ¡Él dice que no y que no! que el jamá’ y nunca le iba a hace’ daño a ella, si él la amaba. Todo el mundo e’tá solprendío que ese hombre hiciera eso. Hay gente que se niega a crée’lo.

—Si la amaba tanto que le apió un brazo y le sacó la tripa.

—Jefe no e pol nah, pero a mi me huele a cocoricamo aquí.

—Pero ven acá Malmolejo, tu me ta diciendo a mí, que con lo ciento de feminicidio que se dan aquí en la República Dominicana, en donde hombre pol meno’ de ahí han matao mujere’… Ete palomo que tenía razone’ pa’ hace’lo, por que la mujer era una “coche bomba”, que lo taba cuelniando con tititri mundati,  no le iba a rompé el pecuezo.

—Bueno jefe, yo solamente digo.

—Mejor, vete pa’ tu casa a aco’tá, que ya tamo pasa’o de hora hacen rato. Ya toy jalto de e’te maldito de’tacamento del diablo.

—Ta bien jefe ha’ta mañana.

III

Al otro día…

—Jefe, me acabaron de llamar el grupito que taba encarga’o de lo e la huella digitale’, y no encontraron nada en el arma blanca… el machete taba clean.

—¿Tu me ta jodiendo, eh velda? Pero eso mamaguevo, yo quisiera ve el día que ello hagan algún trabajo bien.  Si de aquí a una semana, no se logra hacer na’ con e’te caso, Joselo va preso pa Najallo en perpetua, ¡tu oíte! Yo taba hablando con el fi’cal, y e’te caso no se va a quedá inconcluso. Ese se va, sea inocente o culpable. Ademá, yo no voy a ta aguantanole la boca al care’ semilla del coronel que me venga a ta’ hablando mielda a mí —yo no toy pa’ él—; no quiero oirlo reclamando que yo llevo yo no se cuanto caso sin resolvé.

—Mire jefe, en esa casa vivía doña Juanita, Yané, Joselo y el hermano Junior. Esa gente han pasa’o ma’ trabajo de un forro eh catre. La que tenía la entrada ma’ fuelte de dinero  ahí era la víctima, que trabajaba de cajera en el Banco León Jiménez, y no era que le daba pa’ mucho. Por eso fue que se la taba bu’cando como una degraciá. Y si eso es así… yo toy cien pol ciento seguro, de que en el trabajo de ella debe de habé alguien que sepa de su otra vida.

Mire yo voy a i’ al banco y voy a interrogá al supervisor. Así que ya uté sabe, no vemo’ ahorita.

—Ta jevi, menol.

IV

Una vez en el banco, el detective Marmolejos pide hablar con el supervisor de Yanette.

—¡Muy buenos días! Yo soy el detective Marmolejos, toy encargado del caso del asesinato de Yanette Heredía y vine a hacerle una pregunta.

—’Ta bien detective dígame. Aquí estamos a sus órdenes.

—¿Me permite su nombre por favor?

—Hugo Jiménez Caballo —recita, mientras se percata que el detective le arruga la cara—

—¿Usted tiene alguna relación con lo’ dueño del banco… de causalidad?

—Sí, yo soy el sobrino del presidente mayoritario.

—Y que pue’to uté ocupa aquí.

—Encargado de personal.

—Ohhhh, po’ ta bueno eso, y ute sabía que yanette se dedicaba a la pro’titución.

—Bueno, para serle sincero no. Yo casi ni hablaba con ella.

—Osea que u’té me ta diciendo que ¿u’tede’ no eran amigo, ni nunca salieron depue’ del trabajo?

—No, yo soy un hombre casado, y tengo dos hijos —susurraba de forma arrítmica—, además yo no ando saliendo con mi empleadas.

En ese momento el detective marmolejos se da cuenta de que el señor tenía unas marcas raras que se le salían por el cuello de la camisa. Es entonces cuando lo mira fijamente y le pregunta:

—Mire, y eso aruñazo que u’té tiene en el cuello, tan feo, ¿Cómo fue que u’té se hizo eso?

—Ah, eso arruñazo, ja, ja, ja, ja —tratando de contener la sugestión que estaba comenzando a sentir—, eso fue jugando lucha libre con mis hijos, usted sabe.

Al detective no le pareció del todo honesto en su respuesta, pero no siguió con el interrogatorio.

—A pue’ mire, eso sería todo. No se pierda no vaya a ser y lo necesitemo’ para otra información ma’ pa’ lante.

—Ok, no se preocupe, que tenga buen día.

Marmolejos llama al jefe saliendo del banco.

—jefe el supervisor, tenia uno arruñazo en el cocote medio so’pechoso, dique que fue jugando con lo hijo’. Llame a la morgue pa’ que le vengan a hacer un ADN, a ver si hay compatibilidad con la mugre de la’ uña’.

—Ta bien menolsito, llamo ahora… Eso no se va a tardá una semana.

V

Una semana después el jefe del detective Marmolejos lo llama por teléfono y le dice:

—¡menol! ¿Adivina qué?

—¡Dígamelo jefe, deme lu’!

—Me acaban de contactar lo’ del  grupo del laboratorio pa’ que vea lo resultado. Lo tengo aquí en la oficina en la mano. Encontraron mue’tra de la piel del tipo del banco en la uña’ de Yané.

—¡Que! Y eh verda’. Jefe yo se lo dije a u’té. Ese Jímene’ taba gritándolo ha’ta por lo poro.

—Véteme con cuatro policía  cógeme a ese azarozo preso. ¡Oh, oh!

Marmolejos, hizo los debidos procedimientos. Fue al banco, esposó a Jiménez, lo trajo al cuartel y lo encerró. Al cabo de una hora los detectives lo sacan de la celda para hacerle unas preguntas.

—¡Jimene’ tu sabía que tu va a cae preso y mal preso! Nosotro’ sabemo’ que tu mata’te a Yanette. ¿Por qué tu lo hici’te?

—Miren yo le voy a decir una cosa a u’tede’, cuelen bien su café, que yo soy hijo de el jefe de Estado Mayor del ejercito, y yo toy seguro que a él no le gutaría sabé que yo toy aquí metío, en e’ta ratonera.

—¡Mire coñazo! Que eh lo que u’té se ha creío buen ratrero. U’te’ puede se hijo del mimo presidente Danilo y u’té va pa’l patio.

Luego de que el jefe de Marmolejos escuchara lo que le dijo el detenido, salió del cuarto de interrogación y un tanto tenso le dijo a Marmolejos:

—Mira tu vi’te  quien e’tá ahí, ese eh el hijo del jefe de e’tado mayor Ji-mé-nez, nosotros no podemo’ mete a ese tipo preso, no va a lleva el diablo si no metemo’ ahí.

—¡Ande el diantre! Y que vamo’ a hace’ ahora.

—No se, déjame pensá.

Entonces fue cuando el jefe le dijo Marmolejos, que se quedara afuera, que el iba a volver a entrar a hacerles las preguntas. Una vez dentro le dice

—¿Oye, por que tu mata’te a esa muchacha?

—Yo no voy a decir nada hasta que no vengan mis abogados.

—¡Oye te dije que me diga!, ¿Que pol que la mata’te?

—¡Por puta! Por que lo único que esa taba haciendo era sacándome lo cualto.

—¡Pero esa mujer taba casada!

—Por eso mi’mo, ella me dijo a mí que ella era soltera. Yo ha’ta iba a dejar  a mi mujer por ella, y ella me salió con que era un maldito cuero. Un día me jalté de que no me dijera donde viviera. Adema ‘taba jalto de to lo rumore’.  Averigüé la dirección y le cai de sorpresa a la casa. Entonce fue que la confronté. Me encojoné por el de’caro que tubo en decímelo y no pude aguántame en cojé un machete y partila en do’.

—Mira vete de aquí ahora mimo ante de que cambie de opinión.

Los detectives soltaron al asesino de la joven Yanette. Un rato más tarde se dirigieron a la oficina del jefe de Marmolejos.

—Jefe y que vamo’ a hace’ con ese tipo, ¿No lo vamo’ a meté preso?

—No marmolejo, si no metemo’ ahí, se no puede salí el tiro pol la culata y “virazeno” la tolta. Ese tipo ta baquia’o pol to lo la’o. ¿Tu te cree que el sobrino del dueño del banco León Jiménez y pa’ requintá el hijo del jefe de ES-TA-DO mayor Jimenez, va a caer preso? No ombe muchacho. Aquí lo que caen preso son lo pobre, lo jodío, lo pata pol suelo y lo culo rullío.

—Y entonce… ¿Que va a pasá con Joselo, el marío de Yanette?

—Bueno la última ve que tu me pregúntate, yo te dije que el tenía un medio pasaje pa’ Najallo a cumplí cadena perpetua.

—Tomás G. Michel

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