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IMG_0599En la historia de la humanidad se han podido presenciar todo tipo de injuria en contra de aquel que no puede defenderse. Muchas veces el maltrato se lleva a cabo en base a género, muchas otras en base a religión, raza, color o estrata social. Y aunque los victimarios parezcan ser aplacados por la carta de los derechos humano o cualquier otra ley que abogue por la igualdad, hay aún mucho trabajo por hacer. Un grupo que se ha visto afectado y se sigue siéndolo grandemente, por los ultrajes de la sociedad, han sido los homosexuales. En diferentes momentos históricos fueron perseguidos, torturados y ejecutados; como fue el caso durante el apogeo del fascismo en la Alemania nazi. Y aunque parece remoto al día de hoy, los medios noticiosos muestran como los residuos de mentalidades déspotas, siguen afectando el desarrollo sano de las comunidades que solo buscan una posición equitativa en la sociedad.

En una sociedad relativamente avanzada como lo es la puertorriqueña, uno inferiría que la atención médica digna, es algo a lo que todos tenemos derecho y se limita a ser objetiva. Mas sin embargo, ese pensamiento se ve desvanecido al encontrarse en el periódico El Nuevo Día noticias tales como la que redactó Omar Pérez Méndez. Entonces uno comienza a temer por su vida. La misma titulada “En busca de salud equitativa” publicada el 7 de abril, nos relata como un caballero se ve frente al discrimen y a la mofa por parte de un reconocido urólogo de la isla. No había tenido ningún tipo de altercado con el medico hasta el momento de haberle revelado su orientación sexual. En consecuencia, este paciente, nota una reacción de poco agrado, seguido por una amenaza de no ser atendido. Y esto no fue lo mas vergonzoso, si no que delante de un grupo de personas es puesto en vergüenza al notar la preocupación del paciente por el estado de su próstata, reprochándole con la siguiente afirmación: “ Eso te pasa por tu asqueroso estilo de vida. Si no lo cambias, no me responsabilizo por tu irresponsabilidad. Te doy de alta ahora mismo.” (Sin tener el mas mínimo respeto por la privacidad que merece cada paciente con respecto a sus afecciones; este no menos que cualquier otro).

La institución educativa que formó dicho urólogo debe revisar su curriculum de clases con urgencia, para así incluir una selección más estrictas relacionadas a la ética y a las humanidades, pues al parecer es en donde esta fatalmente flaqueando este alegado profesional de la salud. No solo es repugnante el comportamiento poco enfocado de este hombre prejuiciado, quien selectivamente incumple con su rol como médico, violando los estatutos de las ciencias de la salud, si no que en adición, esta violando los derechos del paciente, a lo que le vendría muy adecuado una auditoria penal para revisar cuan grave un fiscal encuentra esta secuencia de agravios.

Hoy en día se llevan a cabo arduas luchas por parte de la comunidad LGBTT. Estas abogan para que dichas minorías, dejen de ser tratados como ciudadanos de segunda clase al igual que tratar de ponerle un fin al discrimen, al odio desenfrenado y poco a poco trabajar por una sociedad menos segregada y parcializada. Es el deber de cada ciudadano al presenciar este tipo situación inconcebible, reportarla a la debida organización para que se tomen cartas en el asunto.

La Asociación Americana de Psiquiatría y la Asociación Americana de Psicología eliminaron en el 1973 la homosexualidad de su manual de afecciones mentales. “Varias naciones han dado pasos para reconocer legalmente la variedad de géneros mas allá de masculino y femenino. Australia, Nueva Zelanda, Alemania, Bangladesh, India y Nepal han reconocido el tercer sexo en censos y documentos oficiales” nos dice Omar Perez. Después de la publicación americana de que no había nada maligno en ser gay han pasado cuarenta y un años, los cuales al parecer para estos países fueron suficientes para reintegrar a la comunidad LGBTT. Acogiendo la diversidad. Hay que ser tolerantes a las personas diferentes. Aunque todos tenemos los mismos derechos, o al menos, así debería ser, no todos somos iguales. Este planeta cuenta con la mas amplia gama de diferencias entre los seres humanos que en ella habitan, que lejos de ser usados para separarnos, deberían servir para hacernos crecer como personas. A pesar de que cada uno de nosotros cuente con diferentes inclinaciones se debe sentir acogido y parte de la sociedad.

La lucha es sinónimo de progreso. Nadie ha conseguido sus derechos de forma pacifica sin haber peleado arduamente por ellos. En un mundo que se caracteriza por la desigualdad social en todo su esplendor, alguien que tenga el valor de protestar y hacer su voz sentir para hacerle frente a esta enfermedad que ha infectado la sanidad de los sistemas, no solo lucha por si mismo, si no por el bienestar de futuras generaciones. Partiendo de la premisa de que la unidad hace la fuerza, los diferentes grupos que se ven afectados por la sociedad y sus infecciones virales, deben hacer ejercer sus derechos y no permitir que se les ultraje. Aquellos que tienen el beneficio de habitar una democracia, deben tomar conciencia del provecho que esta le otorga a las masas y usarlos a su favor. Aunque la carta internacional de los derechos humanos no expone explícitamente la condena de la discriminación por la orientación sexual, si usa frases tales como “y cualquier otra condición social” para incluir la misma.

El infame urólogo infringe gravemente un ideal y un derecho por el cual se ha luchado a través de los años con tanto fervor. Para este tipo de problemática hay establecidas un sinnúmero de ONG’s que al igual que la ONU se encargan de implementar las políticas a favor del necesitado y el marginado social. Cada ciudadano tiene el deber de estudiar sus derechos y denunciar cualquier violación que crea se lleve a cabo en su contra. Hay grupos de apoyo social que al igual que las anteriores sirven de apoyo por lo que exhorto a la población a no tolerar el discrimen, a no callar las injurias. Unámonos y luchemos por un sistema en el que cada vez menos se pueda presenciar la tan grosera desigualdad social que tanto nos afectas en tantos diversos aspectos de nuestras vidas.

Tomás G. Michel

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