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Luego de haber leído una recopilación de reportajes del premio nobel Vargas Llosa —publicadas en su libro Diario de Irak— pude digerir una interesante perspectiva, la de aquel pueblo. Uno que sufre las secuelas de la post-guerra, la ocupación de Estados Unidos y el derroque del temerario régimen de Sadam Huseim.

A raíz del colosal ataque terrorista del 11 de septiembre 2001, en las ciudades de Nueva York y Washington D.C. ejecutadas por Al-Qaeda (organización fundada por Ozama bin Laden), el mundo occidental pudo sentir la furia de lo que sería una ideología diametralmente opuesta. La antítesis concretizada entidad, para el presidente George W. Bush.

A pesar del historial de política imperialista que caracteriza a Estados Unidos y el placer que encuentra en la acción de hegemonisar, fue a mi entender idóneo la ocupación de Irak. Claro, eso si sacamos el pequeño detalle de que este país, cuenta con la más grande reserva de petróleo después de Arabia Saudita.

Aunque la intervención armada, buscaba la justificación  por el supuesto de que hubiesen armas de destrucción masiva y una vinculación entre el régimen iraquí y  y los terroristas de Al-Qaeda, y este no contara con el apoyo de la ONU, dejando no más opción a EE.UU. que oponer unilateralmente a Husseim.

Lo más importante de este conflicto bélico, realidad que no se consideraba y que surgió como consecuencia colateral y que a mi entender, justificó tan terrible guerra lo fue: derrocar un régimen opresor que “tulló” a un pueblo y le devolvió a la edad media. Sancionar a los causantes de unos de los más recientes y atroces genocidios e instalar en este pueblo algo cercano a la democracia.

“Todo el sufrimiento que la acción militar ha infligido al pueblo iraquí es pequeño, comparado al horror que se vivió bajo Saddam Husseim.” Este, es el pensar del pueblo, que luego de una secuencia de reportajes, fue sintetizado a dicha aseveración. Esta  cita del escrito, retrata con fatalidad la balanza inclinada a la opción menos desgraciada.

Repasemos. Que durante este gobierno demagogo se desarrolló  la operación al-Anfal (que interesantemente toma su nombre de la sura al-Anfal, octavo capítulo del corán) consistiendo en gasear, acribillar y exterminar al pueblo kurdo-iraquí, resultando en un total de 182,000 muertes según fiscales del país. La frase “crimen en contra de la humanidad” le queda corto a este acto, para el cual en definitiva Hitler sentó un precedente. Que halla invadido a sus vecinos fronterizos y halla usado armas químicas y bacteriológicas contra ellos y su propio pueblo. Que la censura y la represalia desmedida, hayan sido el aparato mediador y que en adición, al sol de hoy se pueda ver como gente de todas las edades se para frente a los muros con cientos de fotos de personas desaparecidas, contemplando la esperanza de saber de sus seres queridos, que al sol de hoy, forma parte de las masas incontables de desaparecidos. Básicamente, todo aquello que se oponía al régimen, moría. Estas son problemáticas que ningún pueblo en la modernidad debería enfrentar, pues el barbarismo del cual están dotadas, llegan a extremos muy lejos de los margenes de lo civilizado. —Recomiendo el filme Las Flores de Kirkuk, uno (que bajo excelente dirección) permite poder vivir la experiencia del genocidio Kurdo dentro de Irak a flor de piel”. Aquí la reseña cinematográfica—.

Me es extremadamente cómico como al islam, aunque afirme lo contrario, tiene más en común de lo que quisiera admitir con la fe cristiana. Ambas, han servido de utensilio para dominar y someter a la opresión de masas. Lastima, que solo la fe cristiana enfrentó cismas y la oposición de grandes movimientos  ideológicos como lo fue la ilustración, así también como la secularización en beneficio del pueblo; de este modo, permitir que se desarrollaran diferentes puntos de vistas, con respecto a dicho estilo de vida y que el pensamiento crítico y científico, permitieran mejores debates y más opciones de creencias para cada persona.

La ocupación fue un mal necesario —y hablo de la perspectiva del ciudadano iraquí, que incluso tiende a tener por increíble que pueda parecer, fotos de Bush como su libertador, adornando sus negocios o casas; pese a cualquier otro interés que pudiese estar envuelto en dicha operación— pues liberó a este pueblo del sátrapo que degolló la estabilidad del pueblo. Pése que el Irak post-Husseim y post-guerra, se encuentre en un estado caótico-anárquico, en el cual los alibabas azotan, bandalizan y profanan las ciudades, por la falta de ejercicio penal y judicial o un sistema para reforzar la ley; está bajo una suerte por mucho, menos agria. Aunque la democracia sea incompatible con el corán y esta fe ordena la muerte para los críticos de la Shari’a (ley de Alá), de Mahoma o del corán tanto para musulmanes, como para los no musulmanes (SB 8.82,805), este debería ser el cimiento para algo nuevo. A lo mejor, un trato equitativo para las mujeres. Libertad de expresión. Poder ver estas ideologías desarrollarse por sobre los intentos que puedan hacer las redes terroristas para detener este sano crecimiento de la sociedad, pues es exactamente lo que temen; tanto ellos, como los regímenes circundantes. No por nada no hay ningún país árabe democrático.

Tomás G. Michel

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