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Soy Juan Orto, el fatal

engendro de inmundicias arrastradas por la noche

desfloradas por la pulcritud, supuesta del cano día

ordeñado a concepción por hábil coco mordán

quien exploraba el gusto creol

en locrio de piernas mazudas,

que encendían condimentado fogón.

 

 Forrado en cuero mulato,

acre, avellana, café con leche

aquella que induce a detestar mi interior

el feo, sombrío e inculto carbón

por siglos y siglos arrastró cadenas,

sudó sangre, mondongo tragaba

y de sol a sol los campos haró

crónicamente me tiene contagiado

ponzoña en mi pecho, puzante picor.

 

 Soy Pedro Ocaso, el infeliz

con una colilla de vudú y madrugada,

facciones poco gratas

que por genes no bienvenidos

de orígenes un tanto curtidos

me obligan a restregarme

desteñirme, alizarme y perfilarme.

 

 Con bembas de trocha color cereza

que escondo dentro de mi boca

como si fuera un cofre o valija

pa’ no tener que de mi cara arrancar

pues son motivo de burla ante el populo.

 

 Era pues preferible ser indio claro o indio oscuro

como la dictadura del chivo en el censo “sugería”

técnicamente negros, por no aplaudir lo que somos

amparados en la ambigüedad de lo turbio

en el desfase vespertino

para así con desespero ateo

poder alardear de ese lado español,

el de aquel colono que al imperio servía  

y por severo edicto

violó, mató, profanó, y los hijos del caribe

de la faz de la tierra exterminó

por quienes en honor nombran calles

y avenidas centrales

tal quien con orgullo

su sometimiento vocifera

para así convertirse en el vomito de Europa,

la excreta del nuevo mundo,

la amarga bilis que entumece la boca.

 

 ¡Padre Mackandal! sentimos de ti vergüenza

tus hijos, sangre de tu sangre

por quienes envenenaste,

cimarroneaste y

con un solo brazo te sublevaste.

Liberanos de esta hoguera,

que a muchos quema a medias

y moribundo nos arrastramos por la existencia.

 

Folclor íntimo, mundano e indigno

que se niega a ceder ante el occidentalismo,

aquel que rema entre el Lete y el Estigia

asfixiado con sangre libre

que aún cadenas arrastra.

Soy Juan Orto, soy Pedro Ocaso.

Impura prosapia, rastrera alcurnia

vagamos en el páramo, tarareando al unísono

“moñito malo peina’o con gas

esa es la rabia que a mi me dá”

Tomás G. Michel

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