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El lector es escoltado, dejando atrás el espejismo de lo visible —al igual que Dante por Virgilio— hacia un viaje por la escatología occidental, en el que se pretende descubrir  y definir lo invisible, aquel conjunto de personas, lugares y condiciones a los cuales se le niega la legitimidad y una participación solemne en el desarrollo socio-cultural contemporáneo. El autor nos defracta a través de su óptica, posicionamiento íntimo y personal Los Países Invisibles, en un diario de crónicas atemporales, retrospecciones e internalizaciones; calmosa, didáctica y narrativa, la matización de las metrópolis y sus faltas, y el acceso a un núcleo anti-estético que vislumbra sus peculiaridades e irreverentes, camufladas realidades.

Un proceso de descontrucción y de descontaminación dogmática y mediática; erradicación de la validez del discurso del vencedor ante los ojos del inconforme con su realidad manipulada. Se adquiere acceso a la sustancia de los entes expuestos, en este singular ensayo, dejando a un lado el idealismo, y asumiendo la amarga realidad social y el proceso histórico —para nada decoroso— por el cual que fue edificado.

Hay una exposición de la visión del  metropolitano con respecto al hijo de la colonia, y viceversa y de como ambos intentan abrirse paso, de manera diametralmente opuestas,  en un mundo que impedimenta a uno más que al otro.

duardddddEl back and forth del autor entre el viejo mundo y las américas, nos sirve para ponernos en perspectiva constante dentro de la  intimidad que es brindada, para explicarnos con un arsenal de argumentos concretos, y un sin numero de referencias —muchas de ellas de la Grecia clásica— rebuscados, organizados y empíricos, mas a su vez dotados de una cercana cotidianidad, a nuestra realidad social y cultural. Centrado en la metáfora del viaje, y en el redescubrirse, estando fuera del patio y emprendiendo busquedas por el basto mundo. La Invisibilidad de la que muchos sufrimos, dadas las condiciones históricas y de las que el autor trata de dar uso para definir un conglomerado tan diverso, expone como puede que no sea tan perjudicial, el gran esfuerzo que se tiene que hacer para realizarse como individuo,  pues proporciona un mejor discernimiento sobre la percepción del cosmos. Si bien, nadie entiende mejor la marginación social, que aquel que las sufre.

Hay una proclamación de la periferia, aquella considerada como menos importante y precindible. El tercermundismo victimista se reivindica y reposiciona a la ofensiva del desarrollo ideológico —o al menos se insta a sí mismo—, claro, sin cambiar la postura impuesta por la demagogia de las políticas expansionistas de los imperios atocigantes, para abrirse paso en el posicionamiento cultural global; dándole una bofetada a los opresores con las mismas cadenas, que alguna vez nos quitaron la libertad, y hoy brindan fortaleza.

Es un texto de increíble lucidez, humanismo y conciencia social, en el que se desvisten mitos y  se encaran dogmas. Es imposible no pensar en El País de Cuatro Pisos de José Luis González, el cual es un ensayo “mitológico” pues intenta explicar la condición puertorriqueña de forma histórico social —desde la linea del materialismo histórico— de modo que podamos entender nuestros procesos y realidades como sociedad. Sin duda alguna la secuencia de causalidades son parte intrínseca e importante de este derrame de argumentaciones de este escritor.

Don Lalo, nació en Cuba, de nacionalidad puertorriqueña. Se caracteriza por sus ensayos hibridos (como es el caso de esta obra) pues debido a su perspectiva artística, usa las categorías como base y no como limitaciones. En el 2013 ganó el premio Rómulo Gallegos, recibido por su novela Simone. Actualmente es profesor de la Universidad de Puerto Rico Recinto Río Piedras y también le dedica tiempo a la fotografía.

Hemos podido presenciar fatalmente, como la historia la escribe el vencedor; desde su perspectivas, sus parcialidades y sus vicios. El caribe, por ser un pueblo colonizado al cual le han “ripiado” no solo los minerales, la gente, si no que también el alma y la esencia misma, negándole la visibilidad y la importancia que merece; Lalo encara y hace frente. Nos dice pues, “lo invisible, no es silente” siendo él la prueba misma de dicha aseveración. Pues habla, pese a las precariedades que pudiera enfrentarse y con las que tiene que lidiar, desde un pueblo que se han ensañado con estancar, por los intereses económicos de la hegemonía a través de los siglos. He aquí un texto que busca diseminar el entendimiento de lo que somos como individuos como, cultura y como sociedad; un ensayo que quien esta cansado de verse definido por el “otro” y quiere ver a un camarada que sufre de la misma afección, decir lo que opina sobre su condición de invisibilidad, necesita ojear.

Tomás G. Michel 

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