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manoplaEl medio de entendimiento e instrucción que un individuo posea, va a ser siempre la base irremediable a su percepción de la verdad. Percepción, pues puede haber varias interpretaciones de la misma. Podría ser descrita como un planeta que mientras posee un hemisferio con luz, hay otro totalmente sumido en sombras. Ambas simultaneas, ambas reales, partes de un todo y paradójicas. No posee un orden de lo absoluto e inquebrantable. Responde a la subjetividad, a la realidad de quien la percibe y desde donde la percibe. Mas Lapidaria, como expresada en el mito de las cavernas de Platón.

La justicia, por otro lado, no es nada más que la coartada legal que ha utilizado la clase dominante para proteger a nivel institucional sus intereses y propiedades (de acuerdo con Rousseau). Es un utensilio para la defensa de su posición privilegiada, ante la lógica de las masas y la ausente equidad social. Tiende a ser respaldada —de manera legítima— por los aparatos a la cabeza del estado; pareciera estar intrínsecamente atada de brazos y pies con la creación de la propiedad privada. El capital a su vez, es parte sustancial de dicha justicia, la cual no opera igual para quienes lo poseen, que para los que no.

La norma de una sociedad no siempre coincide con lo justo o lo verdadero. Es mas bien una construcción social, creada por el hombre en base a ideologías arbitrarias o convenientes a su posición. Respaldan costumbres que aunque erradas y viciadas, sirven para mantener un supuesto “orden”. Dicho establecimiento de renglones, de hecho, necesitaría de una excelente retórica por parte del titiritero, que fuese lo suficientemente ancha como para cubrir los huecos, que irremediablemente tienden a hacer aparición en escena, a la hora te poner en tela de juicio dichos establecimientos.

Grandes cantidades de personas en diversos puntos de sus vidas, en diferentes momentos históricos, se han visto perjudicado y  amenazados por el orden social que le hace contexto. Mas no todos deciden revelarse contra la normativa que rige sus vidas, pues temen las posibles represarías que se pudiesen tomar en su contra. De hecho el terror y la crueldad, tienen a ser componentes importantes de la mecánica del grupo o persona que oprime a los individuos en cuestión. Partiendo de la premisa que la injusticia ha siempre imperado a niveles exorbitantes, sienten inconformidad y siente la incallable necesidad de alterar e irrumpir el orden establecido pese al desaliento que enfrentan ante un sistema que se vuelca en su contra. Pasan entonces a convertirse en criminales antes los ojos del estado, aunque luego la historia les reivindique y categorice en posterioridad como héroes.

Una de las ideologías institucionalizadas que denotó a través del hedor que emitía, lo anómalo que muchas veces puede ser la norma, lo fue el apartheid. Un sistema edictos y leyes de discriminación y segregación racial, sobre el cual se basó el gobierno de Sudáfrica desde el ’48 hasta los ’90. Se caracterizó por el despliegue sistemático de una agenda que se enfatizaba en el entorpecimiento del desarrollo de la raza negra y su ataque visible e inaudito. Dicho, prohibía los matrimonios y las relaciones sexuales interraciales. Separaba a los diferentes grupos étnicos en los medios de transportaciones, los centros sanitarios, las escuelas y demás. Se trataba no solo de una separación jurídica, si no también geográfica, aislando a la raza negra a unos territorios en particular. Este tenía como cometido central el dominio y la preservación del poder de la raza blanca, el cual solo componía alrededor del veinte por ciento de la población frente a la negra y otras minorías; una especie de jaque socio-económico. Prevenía a los negros de participaren los deberes —privilegios— públicos como votar. No podían ejercer ocupaciones gubernamentales, ni desarrollarse profesionalmente o comerciar. No podían estar en zonas asignadas exclusivamente a los blancos y esto obviando los pormenores que acaecieron como consecuencia de tan estrepitoso panorama.

El aclamado personaje a nivel mundial Nelson Mandela, nació de este contexto, el cual fue considerado un terrorista, quien había encabezado en un principio la oposición militante y violenta en contra el régimen blanco. Fue condenado a cadena perpetua, de los cuales solo cumplió 27 años. Pero la historia le reivindicó por su lucha y por como dió su vida por defender el ideal de la igualdad, que resulto en una transformación social.

Los derechos no son un regalo divino. Son el producto de la lucha, la sangre y el sacrificio para hacer ejercer lo supuesto por naturaleza: la equidad. Siempre habrán entes, no importa cuan avanzado se este en la historia, que por avaricia o interés, van a tratar de imponerse sobre otros y así devengar los beneficios que una posible explotación pudiese brindar; esto se ha visto un sinnúmero de veces sin importar de que civilización hablemos. El ser humano como ser imperfecto, tiene la capacidad de la creación de lo perverso, su diseminación e instauración. Pedro Albizu Campos nos decía “Cuando la tiranía es ley, la revolución es orden” y es la historia de Mandela un vivo ejemplo de dicha afirmación, que al igual que la de muchos otros que en este escrito no menciono ven retadas sus existencias.

Tomás G. Michel

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