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IMG_0609Ante la impotencia que el ser humano siempre ha sentido frente al operar de la naturaleza —en un universo más vasto que su imaginación—, con la incertidumbre de los “por qués” circunstanciales, se ha visto en la necesidad de crear deidades que brinden una explicación más o menos razonables a su entorno. De este modo no tendrían que enfrentarse cara a cara con la incertidumbre. Dichas deidades han variado de acuerdo a los periodos históricos, los sistemas culturales, las necesidades místicas y espirituales y como consecuencia se pueden encontrar una gran cantidad de estos entes omnipresentes. Ejemplos lo son Yúcahu en la mitología taina caribeña, Anubis en la mitología egipcia o Loki en la mitología nórdica.

Pese a lo avanzada que parezca estar nuestra civilización, hay muchas cosas que no han cambiado desde la prehistoria. Situaciones que se siguen repitiendo (cambian los personajes, mas no las eventualidades). Las personas siguen siendo hijas de las desgracias y no están para nada exentas a las malas jugadas de la vida, y por ende recurren al teísmo como su fuente principal de refugio psico-emocional. He aquí entonces que en adición a rendir alabanzas a un dios por sus maravillosas creaciones, también le temen por su alter ego destructivo. Le atribuyen como vértice de plagas, problemáticas y guerras a una omnipotencia que poco o nada tiene que ver con las barbaridades terrenales. Le tildan de ente castigador, que ajusticia muchas veces a justos por pecadores; en cuyo obrar muchos inocentes sufren y padecen e incluso pierden sus vidas. Mas no es así, las problemáticas a la que nos enfrentamos cada día, por magnicidas que parezcan, tienden a tener orígenes rastreables. Puede que no se presenten tan obvios a simple vista como uno desearía, pero con un poco de indagación, se puede dar con los vertientes de estos acontecimientos desafortunados. Unos que en su mayoría son secuelas y consecuencias de acciones, productos de la inconsciencia de una o varias ratas con más poder del que deberían ostentar. De modo que antes de echarle la culpa a Dios, de creer que le han abandonado a la intemperie espiritual o le están castigando, asegurece de que no esta siendo víctima de su sociedad, cuyo motor principal no es el bien común, ni nada que se le parezca.

Me he topado con personas cristianas que dicen que la biblia es el único libro que necesitan estudiar, que no leen nada más por que toda la verdad procede de dicha antología. Yo reprocho mucho esta postura, pues es para mí una irresponsabilidad grande de un creyente verdadero, el no ubicarse en un buen contexto histórico y antropológico a su creencia. Es irresponsable no situarse en un marco social a su espiritualidad. Es más aún irresponsable atribuirle esta postura mediocre a una obediencia inminente y sin límites. Pues si ignoras las nociones que operan en tu entorno ¿Como podrías ayudar de una manera efectiva al necesitado desconociendo su realidad social? (probablemente no reconozcan la propia) ¿Como podrías ayudar al necesitado si no conoces a las entidades que le oprimen y abusan de su realidad?

Dios le ha dejado una tierra fértil en recursos, con la capacidad de sustentar a sus habitantes de manera justa. Que la avaricia del hombre obre para lo contrario, es otro cuento. La mala distribución de las riquezas, crea los cimientos de la extrema desigualdad socio-económica que tanto impera en la actualidad, en donde unos pocos tienen demasiado y unos muchos casi nada. En donde el poder esta por encima de la justicia, en donde la corrupción esta infiltrada en los aparatos administrativos de los pueblos, en donde las pertenencias valen más que muchas vidas. Entonces a fin de cuentas ¿Quién es el culpable?

Tomás G. Michel

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