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IMG_0550A la República Dominicana le ha visitado la controversia desde el exterior con el designio de un embajador homosexual estadounidense a operar en el país, James Wally Brewster. La controversia es un componente que jamás ha faltado en dicha sociedad, pero que un homosexual ocupe tal cargo diplomático, es sin duda alguna, un balde de agua fría para una comunidad tan patriarcal y desigual.

Como todos saben, el presidente Obama es uno de los principales defensores de la comunidad LGBTQ, y siempre anda en busca de un ambiente más equitativo para ellos tanto a nivel nacional como internacional. De ese modo intenta trabajar con problemáticas locales de poca gravedad como también intentar influir para una mayor igualdad en países como Uganda en donde la homosexualidad es criminalizada y digna de la pena de muerte ante los ojos del gobierno y del pueblo.

El sector cristiano dominicano denuncia que Brewster no va a la isla a ejercer su labor como embajador si no que pretende servir de promotor de la agenda gay, que según ellos está encargada de sistemáticamente desvanecer los valores de las familias dominicanas. Aunque a lo que a mi concierne, los grandes ofensores del país se encuentran detrás de sotanas. Un ejemplo de esto lo fue el caso del nuncio Józef Wesolowski, quien según investigaciones realizadas, es culpable de pedofilia y abuso sexual. O el caso del albergue de Higuey, en el que nueve menores de edad acusaron a un grupo de sacerdotes y feligreses de violación y sadomasoquismo, en el 2004. También ostentamos el caso del cura de Bonao, Alberto Cordero de cuarenta años, quien fue sometido y apresado, bajo el cargo de violación de una menor. O el extraño caso del padre Wojciech, quien luego de ser denunciado a mediados del 2013 por violación a decenas de niños, se dio a la huida sin que se volviera a saber de su paradero. La lista negra de cometidos en contra del país por el propio clero es más extensa, mas no se necesita hacer mención de todos los casos  acontecidos para vislumbrar que si hay algo que está socavando la integridad de las familias del país, se encuentra en las filas eclesiásticas, pese a que a la iglesia se empeña en hacer tal alborote de factores externos para desviar la atención de las masas.Ambassador_James_-Wally-_Brewster,_Jr.

Recuerdo un día, mientras aún vivía en el país y cursaba en el primero de secundaria del colegio de la Fuerza Aérea Dominicana, Nuestra Sra. del Perpetuo Socorro, usaba una guagua escolar privada, para transportarme a tomar clases, al igual que muchos otros niños que no vivían tan cerca del colegio. En el mismo transporte que yo, había otro muchacho que para aquel entonces estaba en tercero de secundaria, que constantemente arremetía en contra de otro chico que también estaba en tercero, por ser un tanto amanerado. Día tras día, era un bulliying constante, nadie nunca decía nada, ni siquiera la conductora que era quien se supone pusiera el orden. Ni siquiera el chico se sentía con el derecho constitucional o con la suficiente moral para defenderse el mismo dada la naturaleza de su acoso. El hostigamiento continúo hasta un día, pues llego el punto en que a mí me estaba incomodando la situación y al ver la zozobra incesante. Fue entonces una tarde mientras volvíamos de la escuela en la que el acosador siguió con su rutina, y yo no pude contener mi frustración al ver que una vez más la conductora se hacía de la vista gorda; a pesar de mi desventaja de tamaño y fuerza le alce la voz al acosador lleno de rabia: “Muchacho del diablo, que es lo que a ti te pasa con “fulano” que no hay un maldito día que no vengamos de la escuela que tu no empieces a joder y a azarar la paciencia. ¡Me tienes harto ya eh! ¿A ti te gusta él, eh? Decláratele a ver si no lo dejas en paz.

Luego de haber vociferado con rabia, Mr. Bulliying me amenazó con golpearme pero era tanta mi rabia en su contra que yo quería irme a los golpes con él por abusador, aunque saliera perdiendo. Iba a defender lo que creía correcto. Al rato nos mandaron a callarnos y todo el alboroto cesó.

Aún recuerdo la cara del joven que era constantemente molestado al ver que un chico menor que él estaba dispuesto a defenderlo. Su expresión no tenía precio; la tristeza de sus ojos se mezcló con sorpresa, pues se había dado por vencido ante aquella injusticia y apuesto no creyó nunca encontrar un partidario a su causa de derecho a la paz y tranquilidad que todos merecemos.

Este tipo de acoso y comportamiento no aceptable por parte del agresor, esta intrínsecamente atado a la norma del país. Es de hecho muchas veces fomentado, respaldado y premiado por el machismo bruto que tanto prepondera. No han sido ni uno ni dos los asesinatos injustificados ni las palizas aleatorias o el acoso e insulto constante que se ven cada día en la República Dominicana, muchas veces cometiéndose con base a supuestos valores cristianos. Por eso me satisface en parte el hecho de que muchos ignorantes e incivilizados, tengan que pasar por el reto de que hay un embajador abiertamente gay en el país y que de esta forma se pongan en jaque muchos comportamientos inaceptables y se comience a trabajar por la igualdad y a sentar un mejor precedente en el que todos sean visto como seres humanos. Ya que la inequidad no solo impera en la comunidad LGBTQ si no que forma parte de dicha estructura social.

Tomás G. Michel

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