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IMG_1007El otro día hablaba con un buen amigo, al cual aprecio con el alma y es casualmente cristiano protestante, y se me ocurrió molestarle entablando una conversación que a él le pudiese parecer incomoda. Toqué el tema de la homosexualidad, con el cual obviamente no iba a estar de acuerdo, debido a su “firme” creencia, pues su sistema ideológico no le permiten apoyar dicho estilo de vida. Esto, él me lo había comentado con anterioridad, más a eso agregenle que el es un machista de “siete suelas” —y yo que para agregarle más bomba a la ecuación, soy feminista— necesitaba muy poco de mi parte para entrar en provocaciones dadas las circunstancias. Usando lo mejor de mi retórica pese a haber sido muy temprana hora de la mañana, pues tenía que acompañarlo al hospital, empezé entonces con las argumentaciones sarcásticamente amistosas. Luego de un rato de deliberar puntos a favor y en contra sobre esta controversial comunidad llegamos al tema de la adopción.

Le pregunté “Fulano ¿Cuál es tu parecer respecto a la adopción de parejas del mismo sexo?” y él con toda severa seguridad me contestó “no lo apruebo, ¡Tu lo sabes mejor que nadie!” Duré un rato pensando en una posible devolución a esa afirmación, y fue entonces que un tanto preocupado le dije “Pero mi hermano, estás consciente  de la cantidad de niños necesitados que existen en este país, sobre los cuales el Departamento de la Familia tiene la custodia a falta de buenos padres. No nos vallamos más lejos, mira en la República Dominicana y Haití, cuantos huérfanos en la calle, viviendo bajo condiciones en la cual ningún menor debería, sin comida, ni techo, ni amor… ningún tipo de seguridad. ¿No crees qué alguno de ellos se merece una mano, una ayuda, independientemente de quien venga? Teniendo en cuenta que muy baja es la población de padres heterosexuales que estaría dispuesto a adoptar hoy día. Es una problemática social que necesita atención.” Él con una expresión en la cara, la cual al sol de hoy so sabría categorizar,  me dijo: “No puedo tapar el sol con un dedo y por consiguiente una falta con otra. Si alguno de esos niños muriese de hambre, me voy a quedar tranquilo, pues sé, que se van a ir a un mejor lugar.” Yo me había empezado a agitar por su punto de vista, pero luego de esa frase, no pude evitar sentir rabia directa en su contra. Mientras chasqueaba mis dientes le dije “Osea… que tú me quieres dejar dicho, que para tí es más importante tú punto de vista y la fidelidad a tu creencia que la vida de un inocente. Las argumentaciones llegaron a su fin y yo quede molesto, pues todo fue escalando a una respuesta que temía escuchar y no quería que de su boca saliera. Habíamos tenido este tipo de discusiones con anterioridad, pero siempre me hacia el loco y lo dejaba como fanático desorientado, pero ahora fue diferente. Pensé que si nos entendíamos el uno al otro, pese a las diferentes ideológicas que pudiéramos tener, el pensamiento crítico nos provería de la opción correcta ante el uso de la lógica. Cabalmente opino, que uno debe lidiar con situaciones difíciles con la cabeza de la mano con el corazón, para llegar a la respuesta idónea. No importaba cuan contundentes ante mí fuesen mis argumentos, para él había una contraparte mística que le daría la razón por sobre lo que sea. Él nunca, hasta el sol de hoy, me había adjudicado tener la razón en ningún debate que tuviéramos en temas de esta índole, pues pese a que yo soy cristiano creyente, todo lo que el me planteaba me parecía erróneo. No practico con tanto fervor y militancia como él, claro está, pero mi ideología rueda alrededor del mismo eje que en la que el recuesta su visión; mas sin embargo, lo siento diametralmente opuesto el uno del otro. La ceguera que el se quiere auto imponer a dejar de ver y entender va más ayá de la simple indiferencia, es sin duda alguna, un ataque directo a la sociedad que el y muchos más hacen. Termino conmigo diciendo “La palabra de Dios dice: y creó al hombre y la mujer, no hombre con hombre y mujer con mujer.”

Mordí mis labios de rabia, chasqueé mis dientes nuevamente para contenerme y decidí no continuar con esa causa perdida. Fue entonces que le pedí a Dios “Señor, líbrame de los que dicen obrar en tu nombre.”

A este gran amigo a quien adoro, espero que jamás se encuentre , ni por accidente con este artículo, por que si lo leyera, sabrá que me refiero a él y no quiero que lea mi opinión y mucho menos se moleste conmigo. Que aunque lo quiero con toda mí alma, y no estoy antagonizando su creencia religiosa, pues la comparto, odio a más no poder cuan violento puede llegar a ser tanto directa como indirectamente en su modus operandi.

Estoy cansado de escuchar susodichos “cristianos” de baja escolaridad, poca instrucción y para el colmo, nada de empatía hacia su prójimo, quien lejos de tener un pensamiento consciente y considerado que le permita discernir sus alrededores, siempre tienen en sus bocas todo tipo de palabras prejuiciadas, que poseen más odio que cualquier otra cosa que diga el evangelio.

Y tú que opinas, ¿Estás a favor o en contra?  ¡Participa de la encuesta y comparte conmigo tu parecer!

Tomás G. Michel

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