Comentario: Dialéctica del Sexo Casual

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IMG_4153Supongo que todo el mundo por profano que quisiera aparentar ser, o por moderno que quisiera revolucionar, desea muy en el fondo el mantener relaciones sexuales estables y constantes con una persona que tenga significancia alguna; una persona con la cual poder compartir una intimidad secreta más allá de carnal, la espiritual.

Según mi experiencia, puede llegar a ser relativamente sencillo el desnudarse de ropajes y vestiduras, pero no tan sencillo despojarse de las capas de corazas que esconden lo blando de nuestros adentros. No es tan sencillo abrirse el pecho por la mitad para mostrar miedos e inseguridades; dejar a un lado las caretas, los convencionalismos protocolares, los acondicionamientos sociales y dejarse ver tal cual se es: la extraña criatura que no todo el mundo tiene la osadía de ostentar por miedo a señalamientos.

Es de hecho muy fácil ocuparse de los menesteres para gozarse un orgasmo, responder a esa necesidad fisiológica que tienen tantos del reino animalia y luego dar la espalda con un “Si te he visto ni me acuerdo”, a hacer el amor; sentir la correspondencia intrínseca, sensitiva, que brinda la intrepidez de tal consumación; palpar como el bienestar propio le atañe a alguien más, quien tiene disposición de resguardar tus intereses pasionales; el acariciar que estás acompañado de una manera trascendental, no solo en el plano presencial si no también a lo transatlántico. De aquellas uniones que no importan los kilómetros que acontezcan entre una parte u otra, cada quien se carga dentro de sí una tajada de su amante.

Bien lo dijo Vargas Llosa en “La Civilización del Espectáculo” —y parafraseo—: en esta época se ha dado el fenómeno del sexo light que es a fin de cuentas el sexo sin amor, sin imaginación, el sexo instintiva y puramente animal. Sacia la urgencia biológica, como lo haría cualquier otro cuadrúpedo, mas no ejerce estimulo alguno en esa fracción que nos hace pensantes; no hay ningún tipo de connotación a lo sensible. Lo que muchos ciudadanos practicantes de estas gimnasia no entienden es, que la soledad solo se incrementa con el terminar de cada maratón —y luego entra la depresión que tanto nos empuja a querer dejar seres vivos para pasar a ser estadística—. Yo solo espero que estas observaciones no tengan nada que ver con las experiencias vivenciales del marqués, que le llevaron a dejarle el ojo morado al difunto Gabo gracias a sus inconvenientes maritales, pero al fin y al cabo, eso nos importa a ninguno de nosotros.

No critico la promiscuidad ni nada que se le parezca, pues diría que es un derecho, una libertad que toda mujer se merece sin que le adjudiquen el calificativo de puta; además, se podría practicar la gimnasia con el mismo individuo y entonces esta sería la excepción que justifica la regla (como diría Gabo).

Estos delirios míos son puros occidentalismos, están totalmente viciados, pues a quien no le gustaría llegar al más allá con la promesa de siete vírgenes. Tampoco es que estoy instando a la juventud a casarse, (pues sería yo el primero en falta) ya que con esta modernidad, uno debe de tener cuidado con quien se tira la soga al cuello. Lo que si os digo a aquellas personas, lectoras de estos desvaríos, que tengan en cuenta que contrario lo que su conciencia creyese, en ves de estar propiciándose una cucharada de remedio para calmar el fogón que lleva dentro, está atragantándose con lentas gotas de arsénico que le deja de enemigo una abstracción a la cual no le puede dar una bofetada.

—Tomás G. Michel

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Poema: Zozobra

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Una arritmia de pesares

se mece sobre mi vientre

dejandome sentir mariposas

avernales, misteriosas y persistentes

que atormentan a los pecadores

engulliendo remordimientos añejos

y defecando a su paso soledad

debajo de las pieles marcadas

con guallones y raspones

de una vida gozada.

Con cuero cabelludo entre las uñas;

descueradas y mordidas

al fallar manejar el escape

de un trastorno sádico

al que llaman desamor.

—Tomás G. Michel

Poema: Re-pago

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IMG_1838 La impotencia que estremece al jorobarse por la humillación,

no por ser víctima de ella

si no por no poder responder con congruencia ecuánime,

es la misma impotencia que me acosa

incesante

por delirar de rectitud

y no permitirme caer en tal añorada calaña

—Tomás G. Michel

Artículo: Lo Legal, lo Benévolo y sus Desacuerdos

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“Este es el primer artículo —introductorio— de una serie de seis. En esta hilera, se analizará la relación que guarda lo bueno (con sus diferentes interpretaciones) y lo legal, desde diferentes ángulos en nuestra organización social.”

IMG_1194Es imposible no notar como muchas veces, no solo en la actualidad, si no a través del desarrollo de la historia, pareciera que la justicia puede muchas veces llegar a ser injusta (parcializada). Por lo paradójico que esto peque de sonar, la realidad recae en el hecho que bajo el cielo, no hay una sola institución que sea irreprochable; y puesto a la severidad que pudiera representar en nuestro consciente, el examinar como muchas veces lo legal no es honrado u objetivo, es vital que se internalize de una vez y por todas que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Sería entonces incorrecto asumir la ecuanimidad en la escencia de todo un código de preceptos, que por defectos, pudiesen estar más torcidos que cualquier intento “delictivo” de quebrantarlo.

La moral y la ética, son construcciones sociales que se ajustan a una geografía en particular y a un sistema cultural. Esto les hace volubles de naturaleza. De modo que no hay una definición inquebrantable e inexorable para ninguna de las dos, y en las diferentes manifestaciones que estas pudiesen representar, es que yace la formación de una norma que pasa a definir lo justo.

Por lo neutral que pudiesen haber parecido los términos anteriormente mencionados, están muy lejos de serlo y esto por varias razones que han de ser mencionadas en su debido orden. De hecho están viciadas a raíz de muchas vertientes. A modo que la ley del Sharia, el cual es el cuerpo del derecho islámico y basa su formación y praxis del Corán; no será igual en naturaleza ni sustancia, que la constitución de un país occidental como los Estados Unidos, cuyo sistema es laico (creyendo así en la separación del estado y de la iglesia).

A nivel Psicológico, los pueblos rara vez toman una participación activa de cuestionar, pues es más simple ser guiados. En el caso de la ley, muchos la tienen por dada y natural, tal cual si tuviera un plano endiosado. Convirtiendo el acto de objetar equivalente a una blasfemia, ya que se supone y sobreentiende que lo lícito ha de ser bueno. Y nadie quiere ser antagónico a lo bueno, pues lo convertiría de manera automática en malvado ¿Pero que pasa si no es así?

Un buen ciudadano jamás rompería la ley, jamás se convertiría en un delicuente, infractor, malhechor. Pero como todos saben, siempre hay excepciones a la regla, pues no todo lo legal es bueno y no todo lo bueno es legal. No son homologos, no son semejantes, —aunque eso pareciera en la memoria colectiva— nunca lo han sido y dudo que jamás lo serán. De hecho, han habido más veces que lo corrupto ha sido la norma (legal) que lo justo propio a través de la historia ¿O acaso cree usted que vivimos en un mundo justo? ¿Será que todas las personas tienen los mismos derechos? ¿Tendrá todo el mundo acceso a una vida digna?

… Desafortunadamente, no.

El desarrollo de un análisis social hacia lo legal —y no moral— en este texto, no debe ser hecho de manera superficial. Se debe profundizar desde diferentes perspectivas, que nos hagan lograr entender y matizar la relación que guarda lo legal con lo bueno. Es de hecho esta una invitación a reflexionar sobre el ordenamiento al que nos ajustamos. De aquel que formamos parte intrínseca, y que de manera muy estricta nos rige. Uno que define nuestro comportamiento en la vida social y moldea el camino que cada uno de nosotros, opta por recorrer.

Es importante entonces, examinar la mente de las masas y su óptica de lo bueno con respecto a lo legal; de igual modo contrastar con la política y su dialéctica, el ámbito económico y el tan polémico libre mercado, la jurisprudencia con su práctica y por último claro está la órbita religiosa. Será de este modo que se podrá vislumbrar de entre las tinieblas, una comprensión lo más amplia posible de la legalidad de lo bueno.

—Tomás G. Michel

Poema: Abundancia de Migajas

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IMG_1510El día de hoy quiero hacer una dedicatoria a unos bloggers a los cuales les tengo agradecimiento. Esto debido a su modestidad; al hecho de hacerme sentir acogido a la “blogosfera” por medio de sus visitas, sus lecturas, y por su intercambio de palabras en este espacio. Han dejado sentir su presencia en PROVERBIA, de forma tal que en las estadísticas, tengo en un recuadro con sus fotografías, las cuales veo constantemente y siempre llevo presente. Desde ahora les aclaro a los lectores, que mi intención es entablar una conversación muy personalizada, cada ves que usted se toma la molestia de comentar en mis entradas —lo cual aprecio—, y si no le he respondido, es por que ando sobrecargado, y planeo hacerlo con la más prontitud posible. Gracias a estos escritores, por su amabilidad, y les dejo saber desde ahora, que tienen un espacio reservado muy especial conmigo y siempre los tendré al pendiente.

1. Al autor de Tintero y Pincel

2. José Cervera, autor de Ritual de las Palabras

3. Crissanta, autora de La Realidad Alterna

4. Charlipap, autor de Deproart (a quien no puedo conseguir, alguien por favor dígame que pasó con este compañero y su espacio…)

5. Agnes Imbert , autora de Palabras Interiores

6. “Casalita”, autora de Vivencias

Ustedes son los invitados de honor de este espacio, pues han estado siempre al pendiente de los escritos que por así se ofrecen, y su constancia a la hora de compartir su criterio en los post, ha sido muy grata para mi persona. Por eso les quiero regalar un gran abrazo y la dedicatoria de este poema:

Títere de las circunstancias

monigote de la fortuna

y fantoche de un cautiverio

con mi porvenir en sus manos.

Obligado a sujeción

de ávidas procedencias

con yugo a control remoto

y límite perimetral.

Como colonia a metrópoli,

como satélite a planeta,

así depende esta existencia

del mendigar caridad abyecta.

Mis manos han de estar atadas

y mis fuerzas diezmadas

mas me encuentro en medio de un cúmulo

que me reviste de indumentaria.

Reconozco que cojeo

y que por igual manqueo

pero el sostén que me brindan es tal

que me permite caminar recto,

frente en alto

y sin titubeo.

Tomás G. Michel